
Ángel y Fernando ya han guardado todo su equipaje en el baúl del Corolla y se disponen a partir hacia Rosario. La excusa es el Congreso de Literaturas Regionales, aunque esconden en sus corazones el íntimo deseo de conocer la ciudad a orillas del Paraná. El espíritu del Che, de Fontanarrosa, del Negro Olmedo los llama a visitar el templo de la bohemia y de las mujeres hermosas.
-La música la pongo yo, a ver si te gusta- impone el profesor Fernando Arenas, el acompañante.
-Acepto, pero ojo que tengo gustos muy selectos- marca terreno el profesor Ángel Muradas, el conductor.
En el estéreo suena Giros, de Fito. Ángel aprueba enfáticamente la elección y toman la ruta 7 en el puente de Tropero Sosa. Fernando saca el mate para amenizar el viaje. Será un largo trayecto y se proponen pasarla bien. Giros... fotografía de distintos lugares, fotograficamente tan distantes.
Llegan a Desaguadero a las siete y cuarto. Ya están en San Luis. Hacia el este se ven negros nubarrones que se ciernen sobre la provincia mediterránea. A medida que avanzan por la doble vía pasan la entrada a los pueblos puntanos. Los accesos a Jarilla, Alto Pencoso, Chosmes, Balde se desdibujan, primero con una tenue llovizna y después con una copiosa lluvia. El otoño y su mal tiempo arrecian pero para los profesores es un elemento más en la felicidad de ese viaje tan esperado. No más. Por hoy. De verdad. Un cross. Un flash. Es igual. Siempre así lejos en Berlín, lejos de todos y hasta lejos de mi, cuando no estas. Lejos en Berlín suena en la radio y los dos compañeros cantan a toda voz.
A la altura de la curva del Autódromo de San Luis la lluvia no deja ver más allá de cien metros hacia adelante. La ruta se torna resbaladiza y Ángel debe aminorar la marcha. Solo alcanza a avizorar las balizas del automóvil que lo precede, el cual también ha reducido la velocidad.
- Ángel, creo que sería mejor hacer noche en San Luis. Conozco un buen hotel cerca de la terminal.- advierte Fernando.
- No te hagas problema, puedo manejar, aunque sea un rato más- tranquiliza el conductor a su acompañante.
Al llegar a La Cumbre un fuerte resplandor encandila al conductor. No sabe si es un camión o un colectivo. Lo que sí sabe es que se le viene encima y solo un volantazo oportuno evitará el choque frontal. El miedo invade a los dos amigos que ven ante sus ojos el final de sus jóvenes vidas…
Superado el encandilamiento siguen rumbo al este, con la precipitación persistente cayendo sobre la noche puntana. Ahora es una inmensa cortina de agua la que impide de manera parcial la visibilidad en la ruta. Donovan, Granville, Fraga… Los carteles indicadores direccionan a los automovilistas hacia estos pueblos incrustados en una zona regada de plantaciones de maíz y soja, aunque en este diluvio el paisaje semeja a los garabatos de un niño queriendo imitar la naturaleza. Manejar se hace insostenible, por lo que Ángel decide hacer noche en Villa Mercedes. Son casi las diez, y está cansado, el mal tiempo los ha hecho demorar más de lo previsto y Ángel está extenuado por el difícil periplo.
A las nueve de la mañana del día siguiente, jueves 28 de febrero de 2011, los profesores de Literatura ya están desayunando en el hotel de la Avenida Origone , frente al monumento al aviador. Al salir se detienen en un quiosco de revistas y compran El Diario de San Luis para leerlo durante el viaje. El sol ha salido y las calles están inundadas por las incesantes lluvias, pero el tiempo parece mejorar y es propicio para seguir la aventura. Fito otra vez en la radio. Todos ya nos fuimos de aquí, todos ya nos fuimos de casa Para tocar rock & roll. La Rueda Mágica gira y Rosario empieza a estar más cerca.
El próximo destino es el peaje de Justo Daract, ciudad que se encuentra invadida por una molesta bruma. El empleado del peaje no se ve dentro de la caseta y recibe su pago sin siquiera saludar. A los pocos minutos entran en la provincia de Córdoba. El paisaje cambia radicalmente. Enormes extensiones de pastizales, con ganado vacuno pastando en ellos; caldenes, talas y chañares flanquean la ruta. Se detienen a cargar combustible en Vicuña Mackenna y continúan la travesía. A poco andar los sobrepasa un Torino a gran velocidad. Este tramo de la vía semeja un túnel del tiempo. Desde el sentido contrario vienen Chevys y Falcons, Taunus y Sierras, Fuegos y 504. Un parque automotor de los ’80 ha tomado posesión del camino, dejando al Corolla en la posición de una nave espacial. La imposibilidad de los viajeros de adquirir un automóvil nuevo o un extraño desorden temporal son las únicas explicaciones del fenómeno. General Levalle, Laboulaye, Rosales y su laguna, Leguizamón quedan atrás. Ya están en Santa Fe. Hay recuerdos que no voy a borrar, personas que no voy a olvidar, silencios que prefiero callar canturrea Fernando, quien ahora conduce el coche y Ángel lo acompaña en los coros. Ángel lee el diario comprado en San Luis, pero solo el deporte. No tiene ganas de amargarse con malas noticias.
- Uh, el domingo juegan Newell´s y River. Podríamos ir, ¿te parece?- pregunta Ángel.
- ¿A qué hora juegan?- inquiere Fernando.
- A las ocho. Nosotros salimos de la Universidad a las seis, tenemos tiempo de sobra para ir hasta el Parque Independencia- contesta entusiasmado Ángel de poder ver a su querido River.
- Nos cambiamos y vamos entonces- confirma Fernando, hincha de Independiente pero igualmente amante del fútbol.
Llegan a Rufino y toman la ruta 33. Ahora los pueblos y ciudades cambian de nombres pero la desolación de la pampa verde e interminable, salpicada de lagunas y silos permanece inalterable. Sancti Spiritu, Venado Tuerto, Firmat, Chabas están impregnadas del mismo anacronismo del tramo cordobés del viaje. Ahora son las camionetas de los hombres de campo las señales del atraso en el tiempo, los camiones Bedford son otras reliquias con las que se cruzan los sorprendidos viajantes. Queda ya el último tramo del agotador viaje. Sanford, la gran Casilda – donde se detienen a comprar algo para comer- y las pequeñas Zavalla y Pérez son las últimas ciudades por atravesar ante del ingreso a Rosario. Cerca, Rosario siempre estuvo cerca, tu vida siempre estuvo cerca y esto es verdad.
Y al final, por la Avenida Presidente Perón, entran en la ciudad. Cruzan la Avenida de Circunvalación y penetran en la intrincada urbe.
- Rara Rosario, enorme Rosario, fascinante Rosario- reflexiona en voz alta Fernando. - El tránsito es un quilombo. Los rosarinos manejan como la mierda. Las calles no tienen carteles indicadores, por lo que encontrar una dirección es una quimera. Los peatones cruzan por cualquier parte, salvándose por milagro de terminar estampado en el capot de un Renault 12. Dios debe ser rosarino para proteger así a estos inconscientes. ¿Renault 12? La puta madre, sigue el tiempo para atrás. Nada de Corsas, de Fiestas, de Clíos, de Sienas. Todos los vehículos son viejos, como los que yo miraba pasar en la casa de mi abuelo en Santa Rosa.
- Sí , son viejos. Pero fijate que están en muy buen estado. Parece que estos tipos son todos fierreros- completa Ángel.
- O unos amarretes de carajo- agrega Fernando riéndose de su propia ocurrencia..
Es temprano. El acto inaugural del Congreso es a las nueve de la noche de ese jueves, así es que tienen tiempo para recorrer el centro. ¿Dónde queda el centro?.
- Vamos al Bar El Cairo. Ahí se juntaba Fontanarrosa con sus amigos en la Mesa de los Galanes. No podés venir a Rosario sin pasar por ahí- propone Fernando, siendo aprobado inmediatamente por Ángel.
Preguntan es casi la única forma de encontrar algo en esta ciudad del demonio. Llegan a la calle Santa Fe y suben hasta Sarmiento.
- A dos cuadras del centro, de la calle Mendoza- les había indicado una tremenda morocha de falda negra y pechos rebeldes, lamentándose después los dos frustrados casanovas de su morosa lentitud montañesa.
Los dos amigos se sientan en una de las mesas contiguas a la ventana. Le piden dos cafés al mozo. Ángel es el encargado de hacer la obligada pregunta.
- Maestro, ¿cuál es la mesa de los galanes?
- Esa, la última al lado de la barra- responde el atento mozo.
- ¿Y en qué silla se sentaba Fontanarrosa?. Le explico, nosotros somos profesores de Literatura, somos de Mendoza, y vinimos a Rosario por un Congreso, pero lo que más queríamos era venir acá- amplía Ángel.
- Se sentaba no. Se sienta. El Negro sigue viniendo. Como siempre- responde extrañado el mozo.
- ¿Cómo que se sienta? Si está muerto.
- ¿Muerto? Usted está en pedo mi amigo- dice el mozo, yendo a buscar los cafés y lanzando furtivas miradas hacia la mesa, absolutamente convencido de que los mendocinos son dos orates declarados.
- ¡El diario!- dice de pronto Fernando, como si hubiera comprendido algo que estaba presente ante sus narices, y estuvieran cegados ante esa realidad, y sale disparado hacia el auto. Vuelve en segundos con el periódico comprado en Villa Mercedes. Juntos lo hojean y entienden el porqué del anacronismo automotor y. del asombro del mozo. La página de policiales cuenta sobre un accidente de tránsito ocurrido en la Ruta 7 en San Luis, a la altura de la cumbre, entre un Toyota Corolla proveniente de Mendoza, con dos personas en su interior y un colectivo que viajaba desde San Nicolás rumbo a la provincia cuyana. Los dos hombres del automóvil habían muerto inmediatamente, en medio de una torrencial lluvia de otoño. El Bar El Cairo no era otra cosa que el cielo, un cielo de mesas de madera, de servilletas de papel, de olor a cigarrillo, de bohemia, ginebra y maní salado.
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