
Marta Valle, la acusada, la culpable, la prófuga, me había contactado para realizarle la última entrevista en libertad, según ella misma me lo dijo. La conexión fue a través de Saturnino Ortiz, con quien me encontraba trabajando en un compendio de los crímenes célebres de la zona este de Mendoza, y éste aparecía como uno de los más jugosos e inquietantes de cuántos habíamos investigado. Al llegar al viejo caserón sentí la presencia de algo maligno, de lo que no alcanzaba a ver su naturaleza pero que me atraía y al mismo tiempo me empujaba hacia fuera. El edificio en cuestión se ubicaba en la calle San Isidro, en la zona norte de la ciudad de Rivadavia, y por lo roído de sus paredes y sus dimensiones inferí que sería de comienzos de siglo. Los muros estaban derruídos, con el revoque carcomido y efímero, los pisos estaban revestidos por unas pobres baldosas blancas y negras, terrosas debido a la ausencia ancestral de limpieza, al centro de la sala una mesa de madera y cuatro sillas de mimbre, y al costado izquierdo una estufa a leña. Como único ornamento podía verse un arcaico cuadro familiar, de hombres entrajados y solemnes, y mujeres anchas y tristes. Llamó mi atención una luz que daba sobre una esquina, apoyada sobre la pared, pero no le dí mayor entidad, seguramente sería un efecto visual.
Abrió la puerta con suma precaución, asegurándose a través de sus preguntas si yo no era un policía encubierto. Marta era una mujer joven, pero la clandestinidad, que pronto llegaría a su fin, le había cobrado su deuda en su rostro ajado y su cuerpo maltrecho. Desde dos meses atrás no salía de su hogar, recibiendo solo la visita de su hija Nora, quién le proveía de alimentos y ropa limpia, ya que nadie debía saber que estaba allí.
- Yo trabajaba bien señor- me dijo, alcanzándome un mate- Tenía mi clientela fija. Usted sabe, mujeres desesperadas que quieren engualichar a un muchacho esquivo, madres que alegan que a su hijo le han hecho un mal, fracasados que claman por tener un trabajo acorde con sus aspiraciones, en fin, nada especial, nada que no haya visto desde que me empecé a dedicar a esto, a los treinta años. Y ya tengo sesenta y dos, ¿sabe?
¿Sesenta y dos? En verdad parecía de unos diez años más, la tensión de sentirse perseguido había arrasado con su lozanía
- Todo normal, hasta aquél día que llegó esa pareja de Beltrán. De lejos les vi que no traían buenas intenciones, pero no hice caso a mis prevenciones. Había tratado con seres oscuros anteriormente-.
Su rostro se demudó ante el recuerdo de los verdugos de su libertad. Su mirada se dirigió al rincón en el que yo había reparado, y siguió hablando dirigiendo por un momento sus palabras hacia la incandescente luz.
- Llegaron en un automóvil muy lindo, muy moderno. Venían recomendados por una clienta que yo tenía en Rodeo del Medio, me hablaron que estaban juntos desde un tiempo atrás y que eran muy felices, pero no me revelaban cuál era el verdadero motivo de su visita.
Se detuvo para darme otro mate y aproveché para observar la habitación donde me encontraba con más detenimiento. Un crucifijo de madera rústica presidía el espacio. Sobre una mesa pequeña se hallaban una tras otra distintas estampitas, la Virgen de Luján, la Difunta Correa , Ceferino Namuncurá, el Gauchito Gil, San La Muerte … Todo aquello impregnado de un nauseabundo olor a sebo, lo que provocaba en mí dejar el mate para otra oportunidad.
- Le sigo contando antes de que se vaya- me dijo, adivinando mi incomodidad en esa pocilga-. Ella era una mujer joven, alta, hermosa, con el pelo ondulado que caía sobre sus hombros, muy bien vestida, muy arreglada. Él, a simple vista una se daba cuenta que era un ordinario, barba sin pulir, olor a tabaco, sucio. No salía de mi asombro al ver una pareja tan disímil. Como le decía, empezaron con rodeos. A la mujer se la veía muy nerviosa, contrariamente al hombre, muy seguro de sí. El fue finalmente quien confesó el motivo de la visita. Querían sacar al marido de la mujer del medio. Comencé a nombrarles los ingredientes para una preparación que alejaba a los hombres tenaces, receta infalible de probada eficacia entre mis clientas, pero no era eso a lo que se referían. Lo que deseaban este par de crápulas era simple y llanamente matar al esposo que les estorbaba. Puse el grito en el cielo, les dije que como se atrevían, que yo no soy una asesina, amenacé con denunciarlos a la autoridad, pero…usted sabe, una tiene necesidad, y cuando la necesidad es grande…
Volvió una vez más la vista hacia el rincón alumbrado, que parecía brillar ante cada palabra de mi interlocutora. Los minutos pasaban y ella se resignaba lentamente a su destino de prisionera. De pronto, sin que mediara palabra alguna, tomó fuertemente mis manos y se lanzó a llorar, salpicando sus lágrimas con palabras entrecortadas. Lo que expresó me provocó una sorpresa mayúscula y, confieso, fui incapaz de comprenderlo en ese instante. Hoy, a la luz de los años, esa situación está más clara para mí.
- Señor, no lo maté. Me acusan de eso, creí haberlo hecho, pero no lo maté. ¿Ve esa luz en la esquina? Es Valdez, el marido engañado. ¿Ve que parece moverse ante mis afirmaciones? Está inquieto por el recuerdo de su desgracia.
Le pedí que me explicara, ya que mi escaso conocimiento sobre las ciencias ocultas me impedía una comprensión cabal de sus palabras.
- Le explico. El hombre está conformado por tres cuerpos: el físico, el vital y el astral. Cuerpo físico, es nuestro cuerpo de carne y hueso, es el vehículo con el cual nos expresamos en la tercera dimensión o mundo físico. Este cuerpo está sujeto al tiempo y por lo tanto llega el día en que paran sus funciones biológicas y el metabolismo. Es la muerte física de este vehículo. Cuerpo vital es simplemente la sección tetradimencional del cuerpo físico. También es conocido como aura, cuerpo etérico o “lingan sarira”. Es este cuerpo que da vitalidad y calor al cuerpo físico. Cuando el cuerpo vital empieza a se deteriorar, porque también está sujeto al tiempo, el cuerpo físico irá por el mismo camino. Cuando se da la muerte del cuerpo físico el cuerpo vital también se desintegra. El cuerpo vital está constituido por 4 éteres: Éter reflector Éter luminoso Éter químico Éter de la vida El primero de estos éteres se relaciona con las diferentes funciones de la voluntad y de la imaginación. El segundo se relaciona con las percepciones sensoriales y extras sensoriales. El tercero se relaciona con los procesos bioquímicos del organismo. El cuarto éter sirve de medio a las fuerzas que trabajan con los procesos de reproducción de las especies. Cuerpo astral es el vehículo con el cual nos expresamos en el mundo astral o mundo de los sueños. Este vehículo no esta sujeto al tiempo, pues es gobernado por leyes distintas de las tridimensionales y tetradimensionales. Es un vehículo de la Quinta dimensión, no muere ni se desintegra cuando ocurre la muerte física. Este cuerpo está ligado al cuerpo físico por un cordón de plata, o también lo llamamos de hilo de la vida y en el oriente de Antakarana. Es un hilo de energía que solamente es roto en el momento de la muerte física. Con el cuerpo astral podemos actuar conscientemente fuera del cuerpo físico y visitar los diversos lugares del mundo astral. Es lo que se conoce por desdoblamiento astral. Le facilité a la esposa de este pobre hombre un tósigo a base de ricina, y ella se lo administró en una ración como para matar un caballo. Pero al parecer Valdez poseía una enorme fuerza espiritual, y su cuerpo etéreo nunca se alejó del mundo físico. Al morir, el cuerpo físico desapareció pero se corporizó su cuerpo etéreo en esta lumbre que usted puede observar, atormentándome con su sola presencia para bañar en luz mis homicidas manos. Pero yo ya no soporto esta incomóda compañía. Ruego a Dios cada día que me separe de este mundo físico para alejarme de esta alma tortuosa.
En ese instante la luz comenzó a aumentar de tamaño y alcanzó de pronto dimensiones colosales, cubriendo toda la habitación con su incandescencia. Salí de allí, y a los pocos días leí en un diario provincial que aquella mujer era apresada. Se había entregado a la justicia por propia voluntad. Al mismo tiempo, en Beltrán se entregaban a la justicia los infames amantes.
Hoy, parado frente a las ruinas de la inquietante casa, observo el rincón maldito.
El techo de paja y madera ha desaparecido. Sus paredes están ayunas de ventanas, y sus pisos han sido ganados por hierbas austeras y usurpadoras. Mas allí, a un costado de la mancha negra dejada por la remembranza de la estufa a leña, la homínida luz permanece inalterable, detenida en el tiempo, esperando por fin un descanso eterno que se resiste a venir.
muy interesante jorge, es un tema que realmente me atrae, espero que sigas escribiendo, es algo que a mí me falta realizar en esta vida. te felicito
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